En esta edición tan especial en la que Avilés Acción cumple 25 años, el Premio Avilés 1924 rinde tributo a una de las figuras más insustituibles, talentosas y respetadas del cine español contemporáneo: el diseñador de sonido y sonidista avilesino Pelayo Gutiérrez Álvarez.

Hablar de Pelayo Gutiérrez es hablar de la arquitectura sonora sobre la que se han levantado las películas más icónicas de las últimas tres décadas. Nacido en Avilés en 1970, Pelayo descubrió pronto que el cine no solo entra por los ojos, sino que se respira y se siente a través de cada matiz de audio. Tras dar sus primeros pasos en los años 90 en producciones de la talla de Acción mutante, su firma se convirtió en garantía de excelencia para los realizadores más influyentes de nuestra cinematografía.

Con una filmografía monumental que supera los 200 títulos en cine y televisión, su trabajo ha sido fundamental en el universo visual de maestros como Pedro Almodóvar (La piel que habito, Dolor y gloria), Alberto Rodríguez (La isla mínima, Grupo 7), Icíar Bollaín (Te doy mis ojos, Yuli, También la lluvia) o Fernando Trueba. Su labor ha sido reconocida por la Academia con más de una decena de nominaciones y tres Premios Goya al Mejor Sonido por El otro lado de la cama, Te doy mis ojos y Obaba, además de haber supervisado el apartado sonoro de producciones de televisión históricas como Crematorio o La peste.

Entregar el Premio Avilés 1924 a Pelayo Gutiérrez Álvarez no es solo reconocer una carrera plagada de éxitos, rigor técnico y sensibilidad artística al más alto nivel internacional. Para Avilés Acción es, sobre todo, un acto de orgullo: la alegría de celebrar en casa, en su tierra, a un avilesino universal que ha sabido otorgarle voz, atmósfera y alma al mejor cine de nuestro tiempo.